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Cuatro Verbos en favor de los y las Migrantes: Foro Migración y paz

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P. Afredinho
P. Alfredinho

Durante la vista de los participantes en el VI Foro Internacional sobre Migración y Paz con el Papa Francisco, el 21 de febrero de 2017 en Roma, el Pontífice en su discurso presentó, entre otras cosas, cuatro verbos que se pueden considerar como una especie de programa para la Pastoral de los Emigrantes: acoger, proteger, promover e integrar. A continuación, el Santo Padre dijo que la combinación de estos cuatro verbos en singular o plural, para aquellos que se ven obligados a abandonar su tierra natal, implica un deber de justicia, por una parte, y un deber de solidaridad, por otra.

No hace falta recordar que, en términos concretos, cada uno de estos verbos pueden desarrollarse en una serie de proyectos y actividades especialmente en los países de tránsito y de llegada. A su vez, los deberes de justicia y solidaridad se convierten principalmente a una política de desarrollo integral en los países de origen, para evitar la migración obligatoria. De hecho, la gran mayoría de los migrantes, refugiados y desplazados no hacen más que escapar de la pobreza, la violencia y la guerra, un escape desesperado a veces y con mínimas posibilidades de retorno. Así que, si migrar es un derecho, también lo es el de permanecer en el país de nacimiento con una ciudadanía digna asegurada.

No será ocioso confrontar estos cuatro verbos con el llamado "credo histórico" del pueblo de Israel, en sus dos versiones: una más remota en Exodo 3,7-10; y otra más elaborada, en Deuteronomio 26, 5-10. Los dos textos bíblicos combinados, como las palabras del Papa, presentan cuatro formas verbales, todas en la primera persona del singular y todas colocadas en la boca de Dios: He visto la aflicción de mi pueblo en Egipto; He oído su clamor a causa de sus opresores; Conozco su sufrimiento; y yo he descendido para librarlos de la mano de los egipcios y los llevaré a una tierra fértil y espaciosa "donde corre leche y miel". También en este caso, no sería difícil, con las cuatro palabras, la creación de un programa eficaz para la Pastoral de los Migrantes.

Mirando más de cerca. Las tres primeras formas verbales de los libros de Éxodo y Deuteronomio se centran en el análisis del fenómeno, que puede ser o bien la esclavitud en Egipto y el desplazamiento masivo de inmigrantes hoy en día: ver, oír, conocer. Pero la última palabra de la Biblia y los cuatro utilizado por el Pontífice apuntan a la acción: bajar, acoger, proteger, promover e integrar. No sería exagerado decir que la palabra "bajar" cierra la brecha entre la teoría y la práctica. Después de profundizar las causas, las consecuencias y las implicaciones del fenómeno (la esclavitud y / o migración), es necesario bajar en campo: ir específicamente a los programas y acciones. Teoría y práctica se entrelazan y se iluminan mutuamente.

Pero "bajar" también se combina con el "deber de justicia y solidaridad" nombrado por el Papa. Bajar para liberar al pueblo esclavizado - dice el texto bíblico - y por el desierto le llevará a la tierra prometida. En otras palabras, además de un buen cuidado en tránsito y destino es necesario combatir el mal desde la raíz. De ahí la preocupación por la justicia y la solidaridad en los países de origen. La acogida al migrante se complementa con una acción socio-económico y político-cultural que puede transformar las relaciones y las asimetrías nacionales e internacionales que dividen "los ricos cada vez más ricos a costa de los pobres cada vez más pobres", como dijo el Papa Juan Pablo II, en un discurso en México.

En el caso que no se conjuguen simultáneamente los esfuerzos para revertir las causas profundas de la migración forzada, por un lado, y la asistencia a los migrantes de otro, éste se convierte en un intento de extinguir el fuego soplando el humo. Un ejemplo, también planteado varias veces por el Santo Padre, ¿Quién fabrica y quién vende las armas utilizadas en las guerras internas de los países de África, de Medio Oriente y de Asia? En otras palabras, ¿quiénes se benefician de este tipo de conflictos? O, ¿cómo los gobiernos de estos países se convierten, a menudo, en cordones de transmisión para la transferencia de ingresos y recursos naturales que enriquecerán aún más los megaespeculadores financieros de los paraísos fiscales y de los países centrales? Se ingresa aquí en el núcleo temático de la Carta Encíclica Populorum Progressio, publicada hace exactamente 50 años por el entonces Papa Pablo VI. “El desarrollo integral es el verdadero nombre de la paz”.

P. Alfredo J. Gonçalves, cs – Roma 2 de marzo de 2017

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