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No hay opción: Debemos Abrazar al hermano inmigrante

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La hospitalidad, una exigencia humana para evitar tantas muertes de migrantes 
La doctrina del libre mercado, que preconiza el levantamiento de todas las barreras para facilitar la circulación de las mercancías en el mundo, es uno de los dogmas de nuestros tiempos. En muchos países, existe cierto afán de los Gobiernos de firmar a diestra y siniestra Tratados de Libre Comercio (TLC) con otros países y regiones.

En cambio, ¿qué pasa con la doctrina de la libre circulación de los seres humanos que promovió una gran tradición de religiones, filosofías y pensamientos, arraigados en la idea y la práctica de la hospitalidad?

Como lo dice el pensador liberal canadiense Will Kymlicka: “Un sistema de fronteras abiertas, en el que la gente pudiera cruzar las fronteras libremente y establecerse, trabajar y votar en cualquier país que desease, probablemente no contaría con muchos partidarios… De entre los teóricos más destacados del liberalismo pocos han defendido, o tan siquiera considerado seriamente las fronteras abiertas”[1].

Así, la llamada globalización se encuentra fragmentada: por un lado, se permite el libre flujo de mercancías, capitales y todo tipo de tecnologías; por otro lado, se restringe la movilidad de las personas, principalmente los más pobres, como si fuera algo normal.

Esta contradicción ha tenido grandes consecuencias para la humanidad: Africanos o caribeños que naufragan en el mar en sus intentos por llegar a Europa o a los Estados Unidos, respectivamente. Indonesios que mueren de sed y hambre al cruzar el Océano Índico hacia Australia. Centroamericanos que son asesinados por grupos delincuentes en “el tren de la muerte” o que mueren deshidratados al cruzar el desierto de México hacia los Estados Unidos. Por citar sólo algunos ejemplos.

En nuestra región

América Latina y el Caribe no se han quedado cruzados de brazos. Por ejemplo, siguen pidiendo a los Estados Unidos que hagan la reforma migratoria para regularizar la situación de millones de migrantes originarios de nuestra región que viven en territorio estadounidense.

Pero nuestra región debe dar también testimonio de la hospitalidad: por ejemplo, los mismos ciudadanos y ciudadanas que emigran a los Estados Unidos no están a salvo en algunos países de la misma región donde transitan.

Por ejemplo, en Panamá son víctimas de detención administrativa donde sus vidas y sus derechos no son del todo protegidos; en México, sufren de abusos por parte de mafias organizadas; en algunas islas anglohablantes del Caribe, las patrullas marítimas los aprehenden y los retornan a sus países de origen, cuando no naufragan en los veleros peligrosos.

Como bien lo explica Amnistía Internacional[2], el mundo se vuelve cada vez más peligroso para las personas refugiadas y migrantes porque los países, de origen, tránsito y destino, se vuelven inhospitalarios. Sea porque expulsan a sus propios ciudadanos a causa de la miseria, el conflicto armado, la violencia generalizada, etc. Sea porque son indiferentes ante los abusos o las crisis humanitarias que afrontan los migrantes que transitan en sus territorios. Sea porque cierran sus fronteras o vuelven cada vez más difícil el ingreso por tierra o mar de los migrantes a sus territorios.

La inhospitalidad tiene varios nombres: expulsión sin respetar el debido proceso, indiferencia, cierre de fronteras, centros de detención administrativa para migrantes que se convierten en cárceles.

Mientras que el libre mercado tiene sus defensores que abogan con vehemencia por la apertura de las fronteras a las mercancías, la libre circulación de las personas se presenta cada vez más como una utopía de algunos soñadores.

Pero ante  tantas muertes de migrantes en desiertos, mares, fronteras y a manos del crimen organizado, se evidencia que la hospitalidad no es sólo una alternativa, sino una exigencia ética y humana para evitar estas tragedias que han enlutado nuestro mundo en este año 2013.

 

[1] W. Kymlicka, Ciudadanía multicultural. Una teoría liberal de los derechos de las minorías, 132-133 (Paidós, Barcelona, 1996)

[2] Amnistía Internacional, Informe 2013. El estado de los derechos humanos en el mundo.

Bogotá, 3 de diciembre de 2013
Por Wooldy Edson Louidor, Coordinador regional de comunicación del SJR LAC
Fuente: www.sirlac.org

 

 

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